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03 Dic 2007 


La Reserva Ecológica
Cotacachi-Cayapas fue creada en el año 1968, y su establecimiento de límites
definitivos se produjo en el año 1979. Abarca el territorio comprendido en la
parte alta de la cordillera occidental, sus declives occidentales de la
provincia de Imbabura, y la zona de baja altura, correspondiente a la provincia
de Esmeraldas. El área se encuentra situada entre los 100 y 4.500 m.s.n.m., y cubre una
extensión total de 204.000
hectáreas.



 



Para entrar a la Reserva existen dos vías
principales de acceso; la una, por la zona de los Andes, que parte desde Quito
por la carretera Panamericana Norte. Se puede visitar, al paso, la ciudad de
Otavalo y asistir al mercado indígena los días sábados muy temprano. El pueblo
de Cotacachi está localizado a pocos kilómetros de esa ciudad; una vez allí, se
continúa por la vía asfaltada hacia Quiroga y Cuicocha, cuya laguna, está
situada a 12 Km.
de Cotacachi.



 



El segundo acceso está en la zona
tropical de la Reserva,
en la provincia de Esmeraldas. Esta vía de ingreso puede ser alcanzada desde la
ciudad de Esmeraldas (existen vuelos aéreos desde Quito a esta ciudad) usando
la carretera que conduce hasta la población de Borbón, situada a 130 Km. de la primera.



 



Existe otra vía de acceso de
carácter secundario, en la que se debe utilizar el ferrocarril Ibarra-San
Lorenzo, para realizar un viaje de algunas horas a través de pequeños
asentamientos y aldeas de población negra. Una vez en San Lorenzo, es posible
llegar a Borbón por vía fluvial.



 



El primer punto recomendable para
conocer la
Reserva Cotacachi-Cayapas en la zona de la laguna de
Cuicocha. Por su fácil acceso, constituye un excelente sitio de recreación,
situado a una altura de 3.100
m.s.n.m. El paisaje de la laguna y sus alrededores es de
una belleza inigualable. Esta formación lacustre (con dos islotes en la mitad)
situada en una hondonada a los pies del Cotacachi (4.939 m.s.n.m.), constituye
una de las atracciones turísticas naturales más sobresalientes de la provincia
de Imbabura.



 



En el interior del islote de la
laguna se encuentra un centro de visitantes donde está previsto alojar pequeños
grupos turísticos. Junto a la orilla de la laguna hay un paradero con servicio
de restaurante y salones para reuniones sociales; en el muelle se alquilan
botes de remo y de motor para aquellos que deseen surcar las cristalinas aguas
de la laguna y recorrer alrededor de los islotes. No se debe desaprovechar esta
oportunidad para la toma de fotografías, pues la belleza escénica del lugar
reclama silenciosamente la atención del visitante.



 



Si se desea ascender al Cotacachi
(4.939 m.s.n.m.)
en necesario tomar el desvío que se dirige al centro administrativo de la Reserva en la parte alta
de las riberas de la laguna. Con un vehículo de doble transmisión se alcanza el
área rocosa de la elevación para iniciar el ascenso. La cumbre de esta montaña
es un excelente mirador desde el cual se observa la caprichosa morfología de
los valles y elevaciones del norte andino.



 



Desde el mismo centro
administrativo se inicia un sendero de interpretación que recorre alrededor de
la laguna; la caminata se la puede realizar en un tiempo aproximado de cinco
horas. En el trayecto se observa una vegetación típica de páramo, donde habitan
animales como el conejo y la cervicabra.



 



En esta zona también es posible
visitar la laguna de “Piñan”, que mide aproximadamente dos kilómetros y medio
de largo, en cuyas aguas abunda la trucha. Para llegar a la laguna hay que
realizar una larga caminata; debido a este factor, se recomienda acampar una
noche a orillas del Piñan. El ecosistema de la zona se encuentra bastante
inalterado; lo rodean bosques andinos y pajonales que constituyen el hábitat de
venados, conejos, lobos y aves características de esta zona de Altura.



 



Si se desea visitar la parte baja
de la Reserva
se recomienda preferiblemente ingresar por la zona de Esmeraldas.



 



Esta ciudad dispone de hoteles de
diferente categoría. Como ya se había anotado, el primer objetivo es llegar a
Borbón, que es el único lugar que permite movilizarse hacia los límites de la Reserva vía fluvial,
navegando por las aguas del río Cayapas, en un viaje que toma aproximadamente
cuatro horas.



 



Allí se encuentra localizada la
guardianía de San Miguel, en la confluencia de los ríos Cayapas y San Miguel.
Esta guardianía dispone de algunas facilidades básicas. Allí se puede alquilar
canoas con motor fuera de borda para dirigirse por al Río Cayapas al área de la Reserva. Después
de dos horas de navegación se llega a la confluencia con el río Bravo, hasta el
sitio denominado “Salto del Bravo”. Durante este viaje se puede observar
algunas comunidades Cayapas a orillas del río.



 



El salto del río Bravo es un
escenario bastante atractivo, a pesar de no tener gran altura; el gran caudal
de agua que se precipita en medio de grandes rocas puede ser observado
ascendiendo por una de las orillas para situarse a mayor altura. El encanto
paisajístico es muy singular por el verdor de la vegetación y el espectáculo
del continuo viaje del agua a través de sus mas caprichosos cursos en la ruta
hacia el mar.



 



Otro sitio de gran interés es la
“cascada de San Miguel”. Para llegar a esta se debe navegar dos horas por el
río San Miguel, desde la guardianía de San Miguel hasta “Estero Vicente”. Desde
este punto, se recomienda realizar un recorrido de dos horas y media por un
sendero que atraviesa una enorme zona de bosque primario y secundario.



 



Esta ruta permite la observación
de especies florísticas y faunísticas de un bosque primario tropical. Si se
busca sólo caminar, desde “Estero Vicente” se debe emplear aproximadamente un
tiempo de cuatro horas para llegar a la cascada de San Miguel; su caída de gran
altura, corresponde al curso superior de río San Miguel. Para las comunidades
cayapas, según se sabe, tiene un significado mágico y sagrado que ha sido
mantenido a través del paso de los siglos.



 



Desde el punto de vista cultural,
los Cayapas (cuyo nombre original es Chachis) constituyen una etnia cuya
economía se basa fundamentalmente en actividades de caza, pesca y agricultura
itinerante. Han desarrollado, a través del tiempo, una gran habilidad para las
actividades artesanales. Los hombres construyen con mucha destreza sus canoas;
en algunas comunidades ubicadas a orillas del río Cayapas se observa el proceso
de construcción de ellas. Las mujeres, por su parte, son diestras en la
cestería, a partir de la cual obtienen algún ingreso económico para la
subsistencia.



 



Lastimosamente, la economía
chachi se ha visto afectada en los últimos tiempos debido, fundamentalmente, al
avance de la colonización por parte de la población negra y mestiza; además, el
deterioro del medio ambiente a causa de la tala indiscriminada del bosque, la
contaminación de los ríos y la disminución significativa de fauna, son factores
que han incidido negativamente en algunas formas de subsistencia del pueblo
chachi. La venta de sus fuerza de trabajo en las compañías de explotación
maderera es una de las actividades a las que se ha visto empujada una buena
parte de la población; sin embargo, el pueblo chachi se ha organizado en una
Federación de trece centros, con el fin de defender y legalizar el territorio
que actualmente ocupa. Mantienen todavía algunas de sus tradiciones,
costumbres, y su idioma: el “chapalachi” que es utilizado al interior de la
comunidad, además del castellano, que les sirve como un medio para comunicarse
con el exterior.



 



En festividades como la Navidad, el Año Nuevo y la Semana Santa, la
población chachi converge en los pueblos de Punta Venado y San Miguel, para la
realización de ceremonias especiales que reúnen elementos tradicionales de su
cultura y aspectos del cristianismo, constituyéndose, de esta manera, en sus
centros ceremoniales más importantes.



 



La construcción de la vivienda
chachi requiere de la participación de todos los miembros de la familia y de la
ayuda de sus vecinos. Para ello, se utilizan materiales que se obtienen del
entorno: madera del bosque, hojas de palma para la cubierta, caña, bijao,
pambil y maderas finas para completar la estructura (Benítez 1986).



 



El territorio de la Reserva Cotacachi-Cayapas
se encuentra muy cercano al sitio arqueológico de “La Tolita”, en la zona del
litoral. Desde la población de Borbón, siguiendo el curso del río Santiago, se
puede llegar a la isla de la Tola,
lugar que sirvió de asentamiento a una de las sociedades pre-colombinas más
interesantes del Ecuador pre-colombino.



 



La zona arqueológica es muy
extensa, pues abarca el área comprendida entre la desembocadura del río Saija
en Colombia y la bahía de San Mateo en Esmeraldas; cubre una franja costanera
de aproximadamente 500 Km.
que se inscribe en dos zonas ecológicas diferentes: el bosque tropical húmedo y
el manglar costanero.



 



De todo el conjunto geográfico
señalado, “La Tolita”
se caracteriza por presentar las cualidades arqueológicas más notables del
área. En el contexto de la isla han sido localizados cerca de cuarenta
montículos artificiales (que varían de dimensión), conocidos con el nombre de
“tolas”. De acuerdo a las evidencias arqueológicas detectadas, se trata de un
posible asentamiento urbano con una alta densidad poblacional que tuvo sus
variaciones en el tiempo.



 



Según algunas hipótesis, el
origen de la cultura “La Tolita”
pudo haberse encontrado en Centroamérica. Diversas migraciones por vía marítima
habrían llegado a la zona, portando sus tradiciones y costumbres para
localizarse en el área costanera mencionada. Los vestigios arqueológicos
descubiertos en años pasados y los últimos descubrimientos realizados por el
arqueólogo ecuatoriano Francisco Valdez, nos llevan a la conclusión de que se
trató de una sociedad con una intensa vida ceremonial, en la que se utilizaba
de manera permanente objetos rituales de oro, hueso, platino, piedra y
cerámica.



 



La cultura “La Tolita”, según las fechas
de radio-carbón obtenidas en las últimas investigaciones, se desarrolló en tres
etapas diferenciadas, que van desde el año 700 A.C. (ocupación más
temprana de la isla), hasta el año 350 A.C. (cuando fue abandonada el área de
doblamiento). Los estudios más recientes indican que “La Tolita” no tuvo un origen
totalmente mesoamericano, sino que en una determinada etapa (La Tolita clásico) se
produjeron posibles contactos con Mesoamérica, que dejaron huellas evidentes,
especialmente en el diseño de la cerámica (motivos antropomorfos y zoomorfos
comunes entre los dos puntos geográficos).



 



Entre los aspectos más relevantes
de esta cultura cabe mencionar la orfebrería; se han recuperado máscaras,
pectorales y adornos de oro, platino y cobre, que tuvieron una significativa función
en los rituales y que, además, forman parte del ajuar funerario encontrado en
las innumerables y suntuosas tumbas de los individuos de alta jerarquía.



 



“La Tolita” en considerada la
primera sociedad en el mundo que trabajó en platino para la elaboración de
determinados adornos y objetos rituales (Valdez 1879).



 



En la Reserva Ecológica
Cotacachi-Cayapas se han podido distinguir diez zonas de vida:



 



Páramo pluvial Sub-Alpino



Se localiza en las zonas altas de
la Reserva, y
está ubicado entre los 3.500 y 4.000
m.s.n.m, con una temperatura media anual menor a los 4º C.
Cubierta básicamente por pajones.



 



Bosque pluvial Montano



Se caracteriza por su topografía
muy irregular, en la que se desarrollan pequeños árboles de muy poco volumen.
Se encuentra entre los 2.800 y 3.800
m.s.n.m, con una temperatura anual entre 6 y 12 grados.
Es una zona de alta nubosidad.



 



Bosque muy húmedo Montano



Esta zona de vida comprende las
vertientes internas de la cordillera; entre 2.800 y 3.500 m.s.n.m, con
temperaturas de 6 y 12º C; la topografía se presenta bastante accidentada. La
vegetación natural ha sido eliminada en su mayor parte para dar lugar a grandes
extensiones de pastos para ganadería.



 



Bosque pluvial Montano-Bajo



Se halla localizado en los
flancos externos de la cordillera; ubicado entre los 1.600 y 2.800 m.s.n.m, con una
temperatura media de 16º C. Los árboles y arbustos que crecen en esta zona son
de mediano tamaño. Igualmente crecen plantas epifitas de gran variedad, como
también helechos arbóreos y lianas.



 



Bosque muy húmedo Montano-Bajo



Esta zona de vida se halla
nublada casi de manera permanente. Ubicada entre los 1.800 y 2.800 m.s.n.m. Con una
temperatura media de 12 y 18º C. Los árboles que crecen en ella no sobrepasan
los 25m. de altura; entre ellos podemos citar al romerillo, guabisay, cedro y
aliso, sus tallos se encuentran cubiertos por plantas epifitas, musgos,
bromelias, líquenes y orquídeas. La topografía es bastante irregular.



 



Bosque muy húmedo Subtropical



Comprende la parte baja de la
cordillera, ubicado entre los 500 y 1.600 m.s.n.m, con temperaturas que oscilan
entre 18 y 24º C. Las especies vegetales que crecen en ella tienen un limitado
valor forestal, debido a que sus diámetros no alcanzan promedios de
consideración. Entre las especies predominantes se encuentran el sande, anime,
moral y guayacán.



 



Bosque húmedo Montano



Es una zona de vertientes
internas ubicadas entre los 3.00 y 3.500 m.s.n.m, con una temperatura que varía
entre los 6 y 12º. Su vegetación natural ha sido eliminada. Existen aún pequeños
remanentes de matorrales bajos en los barrancos, con crecimiento lento de
especies forestales.



 



 Bosque muy húmedo Tropical



Zona ubicada entre los 200 y 400 metros, es un bosque
complejo con varios estratos, con plantas epifitas y parásitas.



 



Bosque húmedo Tropical



Está ubicada entre los 0 y 600 m.s.n.m. y contiene
vegetación arbórea natural, de crecimiento moderado y regeneración natural
fácil, con una temperatura media superior a los 24º C.



 



Bosque pluvial Subtropical



Es una zona localizada entre los
500 y 1.600 m.s.n.m,
con temperaturas entre los 18 y 24º C, y abundante vegetación natural arbórea
caracterizada por la presencia de plantas epifitas y parásitas.



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